El trazo como grito: imágenes de una libertad sin manual
Natalia Palma Recio
Miquel Barceló, Mapa de carne (1982) en Museo Carmen Thyssen Málaga/ Foto: Natalia Palma
Fiebre, trazo y desencanto. Crónica visual de una juventud sin permiso
Un zumbido permanece flotando en la sala. No proviene de ninguna instalación sonora, ni de un efecto ambiental. Es un murmullo invisible que emana de las obras, como una huella visual de un país que rompe el silencio, de una España que se sacude el polvo del franquismo y camina, hambrienta de libertad, hacia una modernidad desconocida. Ese zumbido es el que acompaña a la exposición Pintura liberada. Joven figuración española de los 80, una muestra que no solo documenta un periodo clave del arte español, sino que lo revive con la intensidad desbordada que lo caracteriza.
En esta exposición, la pintura no solo se libera de cierto academicismo residual que habría sobrevivido a vanguardias y otros movimientos rupturistas, sino también del pudor, del silencio y las fuerzas ajenas que condicionaban las creaciones artísticas durante esta década. Se trata de una generación de artistas marcada por el punk, el pop y la necesidad de romper con lo anterior. Su estilo mezcla la figuración con elementos del expresionismo, el neodadaismo y el simbolismo, todo con una energía desbordante y difícil de controlar. Entre ellos encontramos a Juan Ugalde, Guillermo Perez Villalta, Carlos Alcolea, Miguel Barceló, entre otros, con obras que hablan desde la urgencia, con una libertad que partía los esquemas del recién superado y oscuro franquismo.
El recorrido de la exposición no impone cronologías ni dogmas, sino todo lo contrario. Las salas actúan como un foco de expresión de un espíritu colectivo. Cada obra es una confesión a media voz o un grito en la pared. Hay un exceso deliberado de colores, de trazos y de cuerpos, como si la propia materia pictórica estuviera reclamando su lugar dejando atrás años de censura. Es imposible quedarse indiferente ante estas obras pues provocan una reacción fuerte, casi instintiva, no son cuadros para mirar con calma, sino para enfrentarse a ellos y a la realidad del pasado español.
En este clima de entusiasmo político y sexual, se cuela también un desencanto, empieza a surgir al mismo tiempo una sensación de decepción o desilusión casi imperceptible, pero que va creciendo lentamente. Bajo estas superficies de colores vibrantes se esconden heridas no cerradas, las de un trauma colectivo de una dictadura reciente, la fragilidad del sistema democrático que comenzaba a florecer. Algunas figuras parecen a punto de disolverse, otras se descomponen en grotescas parodias de lo humano. Es aquí donde la pintura se convierte en un reflejo, no ilustra una época, sino que la padece.
El montaje evita rigideces y propone una lectura abierta, no hay un único relato, sino muchas voces cruzadas. Las obras no están ahí para ser ordenadas, sino para dialogar entre ellas, a veces en armonía y otras en tensión. Esa disposición da lugar a una experiencia visual que refleja el caos controlado de la época.
Más que mirar con nostalgia al pasado, la exposición Pintura liberada pone en valor un momento clave en el arte español. No presenta la pintura figurativa de los años 80 como una simple moda, sino como una forma de posicionarse ante una realidad que estaba cambiando. En estas obras, lo político, lo social y lo personal se trenzan y toman forma a través de la pintura. Esta generación no eligió este medio por inercia, sino porque encontró en ella un vehículo inmediato y potente para expresar tensiones que aún hoy resultan reconocibles.
La propuesta del comisariado evita la tentación de encerrar estas obras bajo una mirada historicista o como un simple homenaje. En lugar de destacar nombres concretos, activa un diálogo entre el pasado y el presente, mostrando que estas imágenes no han perdido su capacidad de incomodar, cuestionar o emocionar y lejos de quedar fijadas en el tiempo, muchas de ellas siguen planteando preguntas urgentes sobre la identidad, el cuerpo, el deseo o el poder.
Salir de la exposición no implica solo haber visto una época, sino haberla experimentado desde lo pictórico, no como simple representación, sino como herramienta crítica. En tiempos donde la imagen se consume con rapidez, esta muestra recuerda que hay formas de mirar y de pintar que siguen teniendo algo que decir.
La exposición: ‘Pintura liberada. Joven figuración española de los 80’
Comisariado: Bárbara García y Alberto Gil (Área de Conservación del MCTM)
Lugar: Museo Carmen Thyssen, Málaga. Sala de exposiciones temporales
Fecha: del 1 de abril al 14 de septiembre de 2025
Horario: martes-domingo: 10:00-20:00 (último acceso a las 19:30)




