Materia, signo y territorio en el arte español del s. XX: del paisaje espiritual, al gesto y la luz
Eva P. Ramírez-Sanz
“El homúnculo” (1959), técnica mixta sobre arpillera. Manolo Millares. Fuente: Eva P. Ramírez-Sanz
El Museo Carmen Thyssen Málaga presenta Telúricos y primitivos, un recorrido desde la Escuela de Vallecas hasta Barceló, donde la materia, el signo y la tierra dialogan como impulso creativo y origen de una modernidad española reinventada desde lo esencial.
En Telúricos y primitivos el visitante no solo recorre una exposición: entra en una geología de la modernidad española. El rojo de las salas (arcilla, magma, sangre) sitúa desde el inicio una semántica del origen que enmarca un relato construido “desde abajo”: la tierra como matriz estética y cognitiva.
Comisariada por Bárbara García Menéndez y Alberto Gil, la muestra reúne 64 obras de 45 artistas y articula un argumento claro: la modernidad española se rehace al regresar a la materia para convertirla en lenguaje. El punto de arranque, “El homúnculo” (1959) de Manolo Millares, funciona como umbral conceptual: un lienzo herido, casi estrato arqueológico, donde costura y desgarro constituyen la materia como signo y la superficie como memoria.
Frente a ese “corte” fundacional, los paisajes de Benjamín Palencia condensan la poética de la Escuela de Vallecas: despojados, minerales, convierten el territorio castellano en estructura espiritual. Esta tensión entre la herida y la desnudez atraviesa el recorrido y se reescribe en la “escritura material” de Antoni Tàpies, donde la incisión, el muro y la huella instauran un alfabeto primitivo. En diálogo, la economía de línea de Joan Miró y las litografías del “Toro” (1946) de Picasso, cotejadas con “Sin título” (1950) de Óscar Domínguez, señalan el tránsito desde el automatismo a la síntesis: la figura deviene contorno esencial; el gesto se espesa en pensamiento; la materia, en gramática.
El argumento no se agota en la posguerra. La exposición desplaza el foco hacia las derivas contemporáneas de lo telúrico y lo primitivo: el textil, la fibra, la luz. El tapiz “Macra Ardoise” (Macra pizarra) (1972) de Aurèlia Muñoz y “Granada verde” (2002) de Teresa Lanceta amplían el campo material y simbólico: nudo, trama y repetición reposicionan el saber manual como dispositivo de memoria y resistencia, a la vez que enlazan lo doméstico con la abstracción. En Soledad Sevilla, la retícula y la veladura transmutan la materia en percepción: de la tierra a la luz, del peso al ritmo. El arco se cierra en Miquel Barceló, cuyas “Calabazas” (1998) reafirman la “física de la pintura”: superficie viva, piel que respira, materia que se humaniza.
Bajo esta constelación, el Museo Carmen Thyssen propone leer lo telúrico/primitivo no como estilo, sino como sustrato transgeneracional. Siguiendo el hilván cronológico de la historia. La modernidad funda en los años veinte y treinta la Escuela de Vallecas. Este movimiento es violentamente interrumpido por la Guerra Civil (1936 – 39) y se reanuda en la posguerra con el informalismo matérico (Millares, Francés, Tàpies), para proyectarse en los lenguajes contemporáneos (Muñoz, Lanceta, Sevilla, Barceló).
Formalmente, el eje pivota entre obras que pesan (arpilleras, arenas, tejidos, costuras) y obras que significan (signos, grafismos, geometrías elementales); simbólicamente, la exposición restituye una pregunta sobre identidad, cuerpo y origen. En las artistas, Lanceta y Muñoz ese retorno a lo elemental incorpora además una reapropiación del hacer del tejer, suspender y habitar, como política de la mirada, en sintonía con los debates curatoriales mantenidos en la Bienal de Venecia (2024).
El valor del proyecto reside en su lectura museológica: la genealogía se presenta como constelación, no como cronología; privilegia nodos y cruces antes que escuelas cerradas. Este enfoque sitúa “El homúnculo” (1956) de Millares como pieza clave del paso del signo a la materia y activa conexiones con Palencia, Miró o Picasso sin fijarlas en un relato único. El resultado es un mapa de intensidades que reabre la modernidad: de la tierra al signo, del trauma a la luz.
En tiempos de sobreexposición, la tesis cobra una nitidez contemporánea: volver a la materia (barro, tejido, pigmento, origen) no es nostalgia, sino crítica del presente. Telúricos y primitivos demuestra que la modernidad española se forjó desde el suelo (literal y metafóricamente), y que esa lección persiste. Mirar estas obras es excavar: el cuadro deviene corte geológico; la textura, memoria; el signo, respiración.
La Exposición: Telúricos y primitivos. De la Escuela de Vallecas a Miquel Barceló
Comisariado: Bárbara García Menéndez y Alberto Gil
Lugar: Museo Carmen Thyssen Málaga
Fecha: del 7 de octubre de 2025 al 1 de marzo de 2026
Horario de visitas: de martes a domingos de 10:00 a 20:00



