Anna Pávlova, el cisne eterno
Vilma Abril Bachs Berntsson
Vista de una de las salas de la exposición./ Foto Vilma Bachs Berntsson
“Hay otros grandes bailarines. Pero Pávlova solo hay una” (The Times, 1920).
Conmemorando el 145 aniversario de su nacimiento, la exposición “Anna Pávlova. Una vida sin fronteras” nos muestra el recorrido de la bailarina más influyente del ballet. La inspiradora figura de Anna Pávlova, única e irrepetible, revolucionó el ballet y lo llevó a todos los rincones del mundo. La exposición arranca con una primera imagen que nos transporta directamente a este mundo como ninguna muestra fotográfica es capaz de lograr: el tutú clásico de La muerte del cisne para una de sus actuaciones en España.
La exposición de la bailarina rusa es una delicada invitación para adentrarnos en el mundo de la danza. Un homenaje a Pávlova, no sólo por su influencia en el ballet, sino porque en 1910 creó su propia compañía y llevó este arte a lugares donde era completamente desconocido. Inspiró en incontables países y escenarios con su gracia.
El ambiente se encuentra bañado por una luz tenue, donde el rojo y el blanco se intercalan en las paredes dando personalidad y fuerza a la exposición. De fondo, la música suave de varias piezas de ballet acompaña al espectador a lo largo de la visita. Además de exponer una serie de fotografías tomadas por todo el mundo, se exhibe una cuidada selección de las más espléndidas postales, acuarelas, recortes de periódicos, programas y tickets que muestran el entusiasmo por la bailarina.
El recorrido se compone de tres pequeñas salas. Las temáticas son variadas, mostrándose distintas facetas de su vida, desde la moda hasta su casa en Londres o su presencia en España. Destacan sus giras, en las cuales se caracterizaba con los trajes tradicionales de los países, dejando una huella imborrable en los espectadores. En las dos primeras salas se exponen paneles con las fotografías más emblemáticas: La muerte del cisne y Anna Pávlova, el cisne inmortal con un cisne mortal. En la tercera sala se proyectan escenas de La muda de Portici, la única película que rodó, vestigio de su talento en la dramatización, cuya música es la que invade todo el espacio expositivo. Así, más allá de contemplar las fotografías que inmortalizan a Pávlova, podemos apreciar en acción su encanto actuando, siendo testigos de por qué cautivó en todos los teatros. La exposición acaba con fotografías sobre su interpretación más célebre, La muerte del cisne, acompañándose de instantáneas previas a su muerte y ofreciendo una metáfora entre la muerte del cisne y la de Anna Pávlova.
A pesar del espacio reducido, la exposición es muy completa, con un número de piezas considerable —fruto de una colección privada del comisario— que nos hablan en todo momento de la gran humanidad de la bailarina reflejada a través de su interés por las personas, su amor hacia los animales y su compromiso con el arte.
Los diversos orígenes de las fotografías y la variedad de países por los que bailó son testigos del poder de unir culturas a través de la danza. Se trata, pues, de un discurso delicado pero apasionado que invita a la reflexión sobre la capacidad de las artes de trascender todas las barreras. Por ello, se ha bautizado la exposición como “Anna Pávlova. Una vida sin fronteras”. Muestra un hecho acontecido hace un siglo, pero que puede traerse a la contemporaneidad. En un momento donde más falta hace la conexión entre la humanidad, el arte se alza como un medio para conectar a los seres humanos.
Se crea, por tanto, un ambiente donde convergen el talento, la gracia, la elegancia, la danza, la moda, la música y la actuación unidos al altruismo y el interés humano, llevados a cabo con un inigualable encanto que sólo era capaz de lograr Anna Pávlova, el cisne eterno.
La exposición: “Anna Pávlova. Una vida sin fronteras”.
Comisario: Dmitri Yusov.
Lugar: Colección del Museo Ruso, Málaga.
Fecha: hasta el 22 de mayo de 2026.
Horario: de martes a domingo de 9:30 a 20:00.




